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Isaias Duarte Cancino

16 Años de su sentida ausencia

Por: Leonardo Medina Patiño
REVISTA EPOCAS #175

En su novela histórica intitulada “Noviembre” el poeta salvadoreño Jorge Galán, narra así el atroz

asesinato de Monseñor Romero: “Aquel día era martes y a Romero lo habían asesinado un lunes, mientras levantaba el cáliz para la consagración. Un disparo certero en el corazón había acabado con su vida de hombre y lo había convertido en un santo”.

Describe con cierto dulzor, que deja entrever en sus poéticas líneas, el diario acontecer de Monseñor Romero, y eso lo re eja el autor de la siguiente manera: “Por último, dijo que en cada cosa del campo se podía ver a Dios, en el sonido de los pinos, en la niebla que bajaba de la montaña, en los escarabajos amarillos que caminaban en las hojas o en los campos de ores. Todos lo escucharon como se escucha el consejo de un padre verdaderamente amoroso. Cuando dio la comunión a los niños, besó en la frente a cada uno…”

Podría uno trasladar esas mismas imágenes para destacar la vida consagrada a su gente por parte de monseñor Isaías Duarte Cancino, a quien igual que monseñor Romero- lo asesinaron al interior de una iglesia.

Demasiado se ha conjeturado sobre su asesinato, de ese vil magnicidio de un hombre que se entregó desde la arquidiócesis de Cali a dejar el nombre de la ciudad en alto, izada frente a los atro- pellos que cometían en ese entonces el ELN, las FARC, y delincuencia común. Tal vez a la sociedad caleña se le olvidan los secuestros, las amenazas permanentes a comerciantes y empresarios pulcros que han hecho sino que invertir econó- micamente para el desarrollo de esta región; las extorsiones no cesaban…

Pero Monseñor Duarte Cancino supo ser ejemplo en la adversidad. Y protestaba, denunciaba, salía a medios a señalar sin temor alguno a quienes estaban asediando a la sociedad caleña. Su dignidad hoy sigue intacta.

Después de Monseñor Isaías, tal vez Juan Francisco Sarasti fue quien supo llevar su legado, pero quebrantos de sa- lud impidieron que siguiera iluminando los senderos de esta región. Hoy, ni qué decir de lo que sucede desde la carrera cuarta, en estas tierras nuestras…

 

Pero vuelvo a Monseñor Duarte, no me quiero distraer en pregoneros de la teo- logía de la liberación y que se tamizan para elevar discursos en pro de grupos subversivos.

Y fue el 16 de marzo de este año, cuando se cumple un aniversario más de su fatídica pérdida física, es que la señora gobernadora Dilian Francisca Toro con Sa

ndra Velásquez  la nueva gerente del hospital “Isaías Duarte Cancino” entidad de salud que se encuentra incrustada en el corazón del distrito de aguablanca, donde acuden diariamente los pacientes más humildes a pedir sanación de sus dolencias, hicieron sentido homenaje con eucaristía a la memoria del la- mentable fallecimiento de monseñor Duarte Cancino.

Sandra Velásquez, la dinámica gerente del hospital que lleva el nombre de Monseñor, dijo en discurso durante la eucaristía, lo siguiente: “Sea este el momento de resaltar la labor consagrada de monseñor “Isaías Duarte Cancino”, quien gestó desde su arzobispado una labor envidiable, que sigue impactando hasta nuestros días como se ve re ejada en la institución educativa, la fundación y este hospital que llevan su nombre en señal de gratitud y homenaje.

No podemos olvidar tampoco la creación de la universidad católica “Lumen Gentium”, que fue una idea concebida desde su labor arzobispal.

Nosotros, desde el hospital llevamos ese legado que pareciese intangible, pero que supera cualquier límite de bonhomía, como es el servicio a la comunidad en igualdad de oportunidad y condiciones sin distingo alguno”

Sobran las palabras, para aproximarse a la vida de ese gran jerarca eclesial.

Insisto, hoy Cali aclama un sacerdote de ese nivel, con posturas claras que recojan el sentir de la comunidad, no todo lo contrario, como sucede en estos aciagos días.

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